En La Mariola escucho a Thicket Antpitta (Myrmothera dives) casi todos los días. Su canto aparece en las cabañas, a la orilla del río, en senderos, área de cacao y en esos bordes de vegetación donde el bosque se vuelve más cerrado. Es una de esas aves que parecen estar por todos lados, aunque verlas sea otra historia.

He salido muchas veces con la cámara buscando una buena foto. A veces el canto suena cerca, casi al alcance de la vista, pero el ave se queda metida en el charral, entre ramas, hojas y sombras. El bosque es oscuro, la luz entra por pedazos, y mientras uno espera también toca batallar con los zancudos.

La mejor foto que he logrado salió una mañana, regresando de El Castillo. Escuché al ave relativamente cerca, me metí al bosque y me quedé más de una hora intentando encontrar un ángulo. La imagen no es perfecta, pero cuenta bastante bien el encuentro. Vegetación al frente, poca luz, el cuerpo medio escondido y apenas el espacio suficiente para confirmar que estaba allí.

La experiencia coincide con la descripción de la especie. Thicket Antpitta es discreta, muy difícil de ver y mucho más fácil de oír que de observar. Birds of the World también la asocia con matorrales densos, bordes de bosque y vegetación enmarañada cerca de arroyos o caídas de árboles.

En eBird se puede apreciar que, además de mi registro, solo cinco personas en Nicaragua han subido imágenes de esta especie. No lo menciono como rareza absoluta, sino como una pista de lo que implica lograr una buena imagen. Hay aves que se escuchan muchas veces, pero una fotografía es otra cosa.

La foto que tengo sirve para contar la historia, pero no para cerrarla. La sigo buscando. Tal vez un día la luz entre mejor, el ave se mueva apenas unos centímetros, y esa presencia que casi siempre llega primero por el oído también quede completa en una imagen.