La Mariola
Árbol alto del bosque de la finca La Mariola recortado contra el cielo.

Una finca viva

Equilibrio trabajado cada día

Teresa y Saúl impulsan esta iniciativa familiar desde el entusiasmo por la naturaleza y la vida rural.

La Mariola se ha convertido en nuestra forma de vida, algo que deseamos sostener. Por eso, cada decisión sobre lo que sembramos, la forma de trabajar y cómo recibimos a quienes nos visitan busca mantener un balance entre el cuidado familiar, la biodiversidad y la generación de ingresos.

25hectáreas en total
20 ha de bosque tropical húmedo que protegemos
5 ha de áreas productivas y nuestro hogar

Cuidar, producir y convivir

Desde la agroecología, la finca se trabaja como un espacio de cuidado. Producir alimentos, recuperar suelo, conservar bosque y recibir visitantes forman parte de una misma decisión: sostener La Mariola sin romper el ritmo del lugar.

Diversificación

Cacao, árboles frutales, huerto y gallinas criollas forman parte de una producción diversa y sana que genera alimentos y mantiene una relación cotidiana con el paisaje.

Flor de vainilla (Vanilla sp.) en la finca agroecológica La Mariola.

Suelo vivo

Abonos orgánicos, biofertilizantes, lombrihumus y obras de conservación ayudan a mantener el suelo vivo, cuidar la humedad y sostener mejores condiciones para los cultivos.

Jengibre ornamental en flor sobre el suelo del bosque de La Mariola.

Biodiversidad cercana

Abejas nativas, jardines y plantas con flor ofrecen alimento y refugio para insectos, aves, mamíferos y otras formas de vida.

Venado cola blanca (Odocoileus virginianus) entre la vegetación de La Mariola.

Escala familiar y vínculos locales

Las visitas de pequeña escala ayudan a sostener ingresos familiares, mantener una atención cercana y fortalecer relaciones con personas e iniciativas locales.

Mariposa posada sobre una hoja en la finca La Mariola.
Portillo de madera en el sendero del bosque conservado de La Mariola.

Historia de conservación

El bosque de La Mariola guarda parte de la historia agraria del sureste de Nicaragua. Primero se extrajeron maderas preciosas como caoba y cedro real. Luego continuó la extracción de otras especies con valor económico.

Una vez finalizada esa etapa, llegó el cultivo de raicilla (Carapichea ipecacuanha) y con él un periodo de fuerte actividad económica en la zona. Cuando esta especie perdió valor por la síntesis de sus componentes, el área fue deforestada para establecer principalmente pasto para ganado.

A inicios de este siglo, la propiedad fue comprada con fines turísticos y se dejó bajo protección. Cuando volvió a ponerse en venta, varios ganaderos mostraron interés, pero nosotros tuvimos la oportunidad de adquirirla y continuar la conservación.

Hoy, ese proceso sostiene agua, sombra y refugio para muchas formas de vida. Del bosque nace una quebrada que hemos rebautizado como Agami, por la presencia de esta garza. Entre los mamíferos registrados están el tolomuco, el perezoso de tres dedos, el venado cola blanca y el tepescuintle. Parte de esa biodiversidad puede revisarse en los registros de iNaturalist.

Conocer La Mariola con calma

La estancia permite acercarse a los espacios productivos y a las decisiones que sostienen el lugar. Según la opción elegida, podemos visitar el cacao, el huerto, las abejas nativas u otros espacios de trabajo cotidiano.

Las conversaciones ayudan a entender cómo cambian los cultivos, las lluvias, las floraciones y la actividad de la biodiversidad a lo largo del año.

Koldo, Mila y Mariposa, nuestros perros, forman parte de La Mariola. Nos alegran, nos acompañan y cuidan el lugar en todo momento.